(¿?)

Me detengo en este presente tan puro y vívido, solicitando un permiso para asistir a esos pasados que fueron compartidos, con la cuasi plenitud de los recientes sucesos.

Tu llegada ante mí "fue casual", "graciosa" y pareciera que "no eras un deseo dentro mío". Dicho esto, por las personas parlantes de nuestro entorno. Acaso ¿alguna vez me han preguntado cuál era ese deseo mío en relación a vos? La respuesta es clara. Conscientemente, jamás lo hicieron y, el mundo -aquel pequeño y efímero mundo- comenzaba a hablar en mi nombre.

Hoy pido permiso a este presente para hablar del pasado. Es mi voz la que se pronuncia. Son mis dedos los que lanzan conjuros al teclado y reviven sentimientos petrificados.

Quizá sea la tarea más importante en un día como hoy, donde se conmemora aquella supuesta escapada del mundo hacia el espacio; día en el cual la humanidad se pone a revisar "aquello de la amistad" y Homo Sapiens nos aunamos como seres, camino hacia lo sombrío, pero dejando una huella, una estela a nuestro paso, a nuestro andar, colorida como la infancia que supimos ofrecernos.

Soñaba, imaginaba mundos, universos y multiversos. Te esperaba. En mi mente te fabricaba, te idealizaba y te inventaba. Sabía que no serías ni más grande ni más chica... Sólo que serías esa compañía del estar ahí, del ir descubriendo el alrededor por medio de la aventura del respirar.

Recorro el pasado y no hay imagen alguna que me lleve a un génesis de todo aquello. Hoy se vislumbra un mundo entero: hay montañas, hay ríos, hay bosques, desiertos y cañadones. Me encuentro experimentando las cosquillas, el silencio, el alcohol, otras drogas, unos postres, la sexualidad, los miedos, los enojos, la violencia, la magia, la decepción, los milagros, las salidas, caídas y las subidas.

Parte de aquello era similar al alrededor hostil que nos brindaba abrigo y practicábamos esa violencia para llegar a una especialización casi certificada. Aquí el inconsciente danzaba sin parar en esos mundos prefabricados.

Supimos lastimarnos y sanar heridas. Aprendimos de amor, del odio y del disfrute pleno de la música electrónica en un amanecer casi en soledad. Nos topamos con demonios, brujas y recetas para amarrar la felicidad. Sabíamos del jardín, sus flores y los frutos que habitaban ahí. Nos acompañamos a marcar nuestro territorio poco más cerca de las nubes y poco más lejos del suelo, dependiendo de nuestros pies equilibrados y unidos con esa soga roja y blanca prendida a nuestras cinturas.

Cuando la violencia se asomaba hacia mí, vestida de guardapolvo blanco, tu ausencia de miedo me ayudaba a estar un día más con vida en este mundo. Cuando los celos invadieron tu esencia, el fuego ardió, y se quemaron aquellas cartas desconocidas hoy en día. Cuando los celos acosaron mi espíritu, la ira de los huracanes y tornados arrasaban esas casas de muñecas y tijeras rompían la hegemonía de las Barbys rubias. Cuando el cielo parecía carecer de estrellas, tus olores me recordaban la infancia zarpada en alegrias que nadie supo extirpar. Cuando la madurez del cuerpo fisiológico había llegado, pude decirte que siempre te amé y que esos enojos de pequeño no era más que la gestión de la angustia por no ser la elección para los juegos no correspondidos.

Con vos aprendí a ser persona y también, que no hay un "cuco", porque por más que lo invocara con la luz apagada, jamás llegaba ya que, no existía. Y el deseo era ese: alguien con quien compartir la soledad, con quien estar en silencio o en ausencia de él, con golpes del techno, el pop y el rock, con espíritus en la sangre o con una rica merienda de por medio, con quien dormir siestas y salir de fiestas, con quien volver y con quien partir.

Con vos aprendí a soltar. Haber sido expulsado del suburbio angustioso de la apatía y alejarme del amor me hizo trascender. La confianza se afianzó con el correr de aquellos "pequeños eones", y fue ahí donde, por más que me encontrase a doce mil novecientos treinta kilómetros de vos, sabía que ahí estabas, junto a mí.

Hoy te veo. Te puedo mirar a los ojos y comprender que el tiempo no es más que una ilusión y que el entendimiento es aquello real y cognoscente. Comprendo la individualidad de las personas y las elecciones particulares que emprendemos a diario. Entiendo de sueños, de anécdotas y de misterios. Te veo.

Agradezco al sol haberte visto sin la artifialidad de la humanidad. Agradezco a la humanidad por convinarse y hacerte parte de mi mundo.

Hoy mi mente no te fabrica en ningún estrato, tampoco te idealiza ni te inventa. Hoy te veo y mis sueños suelen ser parecidos a los tuyos ya que, supimos reencontrarnos en ese diálogo profundo de las almas, del "nosotres". Ya el ego o el yo se va apagando con sentido profundo... es como aquella piedra que se lanza a un lago... forma parte de él y él forma parte de ella. No hay límites, solo se brinda el compartir.

Lago Calafquén
 Licanray
Región de la Araucanía
Chile

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